La segunda parte de los Gálatas, la dedica Pablo a mostrarnos las obras maravillosas que el cristianismo puede y debe hacer "con" Cristo. "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí", grita en 2:20, y sigue gritando, "y la vida que vivo ahora en esta carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo a la muerte por mí"... ¡Qué maravilloso esta verso 2:20!
El cristianismo es una "vida", una "nueva creatura", dice en 6:15, que tiene que vivir la nueva vida, llena de obras maravillosas de "amor, gozo, paz, y paciencia, y bondad, y amabilidad... y con fidelidad y humildad y domino propio", que son nueve frutos de la vida en el Espíritu, que nombra en 5:22-23... y para hacerlo más fácil, nos dice, es sencillamente vivir la "Ley de Cristo" (6:2), que es la "vida de amor", que sólo se puede vivir si Cristo está en nuestro corazón, y que no está en contra de la Ley Antigua, sino que toda la Ley Antigua se resume precisamente en el "amor" (5:14)... y la única diferencia es que la Ley no nos daba los medios para cumplirla, pero en Cristo los tenemos, viviendo en el Espíritu.
La "Vida" de los "Hijos de Dios": Por la fe en Cristo, no sólo se nos perdonan los pecados en el Bautismo, sino que somos "hijos de Dios" (3:26-27), para "vivir" como hijos, no de un marqués o un rey, sino ¡como hijos de Dios, hijos del Rey de Reyes y del Señor de Señores! ¡Alabado sea Dios!
Y esta "vida", no es para hacer nada, sino para hacer obras gloriosas y maravillosas de amor, viviendo en el gozo y paz del Señor, ¡aleluya!
Y en el cristianismo, pasa como con todo "hijo": Tú eres hijo de tus padres, no porque hicieras obras buenas, sino gratis, por gracia, porque naciste de ellos, sin que tuvieras que hacer ninguna obra buena para nacer de ellos. Lo mismo el príncipe o le marqués: no tuvieron que hacer obras buenas para ganarse el ser príncipe o marqués; lo son gratis, sólo parque son hijos de su padres... Pero cuando es una príncipe, tiene la posibilidad de hacer obras muy buenas, y de hecho se espera de él: Un príncipe que no hace buenas obras, es un mal príncipe.
La "lucha" de los "hijos de Dios". San Pablo nos describe esta vida del cristiano, como una "lucha" entre la carne y el espíritu; es una "lucha" dentro de nosotros mismos; entre nuestro espíritu, que es de Cristo, y nuestra carne, nuestras concupiscencias, que son las mismas que antes de ser cristiano (5:16-18).
Y Pablo, en el Cap. 5, nos habla varias veces, de la "libertad de los hijos de Dios", que es la "posibilidad", el "poder" de hacer el bien y evitar el mal: Nadie puede amar, porque todos nos amamos a nosotros mismos, ¡y eso es egoísmo, que es lo contrario del amor! Pero con Cristo, sí podemos amar, pero no yo, sino Cristo que vive en mí. Y con el mismo Espíritu, podemos vencer las 14 obras de la carne de 15:19-21, ¡y esto es libertad, con gozo y paz, y humildad y poder!... alabado sea el Señor!
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